Año nuevo

Bueno, pues ya estamos en el 2020, feliz año a todos :)

Después de las campanadas llega año nuevo, con todas las tradiciones que ello conlleva. Yo siempre me quedo con dos (aparte de la inevitable resaca): los saltos de esquí y el concierto de año nuevo. Los dos son especiales de este día porque, siendo sinceros, no veo saltos ni conciertos de música clásica el resto del año y creo que le pasa lo mismo al resto de mortales. ¿Qué tienen de especial?

 Imagen: Eurosport

Los saltos de esquí siempre me han fascinado. Ver como los saltadores cogen velocidad deslizándose por la rampa es muy emocionante y una vez están en el aire se te encoge el corazón, ya que realmente no hay ninguna certeza de cómo va a acabar el vuelo. También me flipa como consiguen frenar, una vez aterrizados, en tan poco espacio sin comerse la valla, son muy cracks. Una pregunta que me he hecho siempre es ¿cómo se entrena un salto por primera vez?, la hostia parece asegurada. Llamadme loco, pero ponerse a 100 km/h sobre dos esquís y saltar más de 100 metros, no parece que sea un don con el que se nazca.


Imagen: RTVE

Por otro lado, y mucho más relajado es el concierto de año nuevo de la filarmónica de Viena. No tengo ni idea de música clásica, pero diría que esta gente no toca mal del todo. Me hace gracia cuando tocan una pieza famosa (rollo Danubio Azul) y pienso “esta me la sé”. Mi momento favorito es cuando todo el público, que parece tan formal, empieza a tocar las palmas al ritmo de la marcha Radetsky y el concierto echa el cierre hasta el año que viene. Un último apunte, me declaro fan del señor que toca el triángulo, me parece muy gracioso que, entre tanto instrumento pomposo, haya elegido tocar puto el triángulo.




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